Un día de mayo
- imagif

- hace 2 días
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Actualizado: hace 17 horas
Miro atrás en mi blog, en este día de mayo, y repasaba mi última entrada No miro atrás ... y recuerdo que cuando la escribí a finales de año era como un desahogo de cosas que pienso y pensaba.
No esperes que el mundo cambie si tú no te mueves
Vale, hablamos de no mirar atrás. Ahora toca ir un paso más allá: ¿y qué hago con todo esto?
Pues mira, la cruda realidad es que si no cambias tú, el mundo que te rodea no lo va a hacer por ti. No va a venir nadie a rescatarte. No va a aparecer un día en el que todo encaje mágicamente.
Y ojo, esto no es un discurso de "échale ganas y ya". Es más sencillo y más jodido a la vez: tú eres tu propio proyecto. Nadie más va a vivir tu vida por ti.
Lo que duele aceptar: ni los que más te quieren pueden meterse en tu piel
Aquí viene una de las grandes trampas emocionales que cometemos casi todos.
Culpamos a otros por no entendernos. "Mi pareja no me apoya", "mi familia no me comprende", "mis amigos no están cuando los necesito".
Y ellos, a su vez, te pueden culpar a ti: "nunca haces nada", "siempre te quejas pero no cambias", "no sé qué esperas que haga por ti".
Pues te voy a decir algo que igual escuece: muchas veces no hay culpables.
Cada uno va con sus problemas, sus miedos, sus limitaciones. Lo que para ti es una obviedad ("solo necesito que me escuches cinco minutos"), para otro puede ser un muro imposible porque llegó quemado del trabajo, porque tiene su propia ansiedad, porque simplemente no sabe cómo ayudarte.
Y al revés igual: lo que ellos esperan de ti quizá tú no puedes darlo ahora. No porque no quieras, sino porque no puedes.
Y no pasa nada. O sí pasa, pero no es culpa de nadie. Es la vida. Cada uno arrastra su mochila.

La revolución personal es silenciosa y no va de postureo
Cambiar no es hacer un anuncio en redes. No es publicar frases bonitas. Es madrugar una hora más. Es dejar de darle vueltas a lo que no tiene solución. Es hacer esa llamada que llevas semanas aplazando. Es decir "no" a algo que te resta. Es decir "sí" a algo que te da miedo.
Y todo esto lo haces tú, solo. Nadie va a aplaudirte en cada paso. Pero tampoco necesitas que lo hagan.
Lo bonito de esto: cuando tú cambias, tu entorno se da cuenta. No hace falta que les expliques nada. Actúas distinto, y eso contagia. O no. Pero al menos tú estás mejor.
Un aviso sobre el odio y la división
Te están vendiendo constantemente la idea de que tienes que elegir bando. De que si no estás conmigo, estás contra mí. De que el que piensa distinto es el enemigo.
Y eso es un negocio redondo para ciertos poderes. Porque mientras tú te enfadas con tu vecino, con tu compañero de trabajo, con ese desconocido de internet… ellos siguen haciendo lo suyo. La división les da fuerza. La discusión eterna les da audiencia. El odio les vende.
Pero si te fijas bien, entre la gente normal —la que madruga, la que cría hijos, la que paga facturas, la que tiene sueños pequeños pero reales— hay muchísimo más en común que diferencias.
Quieres estar tranquilo. Quieres que los tuyos estén bien. Quieres que te respeten. Nadie quiere vivir con miedo constante ni con la sensación de que todo se va a la mierda.
Pues empieza por ahí. Deja de comprar la disputa. No es "nosotros contra ellos". Es "tú contra tu peor versión". Y eso ya es bastante trabajo.
El alegato final: siempre hay un nuevo objetivo
Y aquí viene lo importante, lo que no deberías olvidar nunca.
Puede que tu vida cambie de un día para otro. Que pierdas lo que tenías. Que aquello a lo que te habías acostumbrado desaparezca. Da igual por qué. Pasa. Y duele.
Pero incluso entonces, siempre hay posibilidades.
No las mismas. No las que soñabas. No las que esperabas. Pero existen. Nuevos objetivos. Nuevas metas. Nuevas pequeñas batallas que merecen la pena.
Así que sacúdete el odio. Suelta la necesidad de tener razón. Deja de buscar culpables donde quizá no los hay.
Céntrate en lo que puedes cambiar: tú. Lo demás, ya irá llegando. O no. Pero al menos habrás movido ficha.
Y eso, para empezar, ya es una revolución.

Y así quiero terminar. Sin grandes aspavientos, pero con una idea clara.
Me gusta eso de que incluso en la oscuridad más absoluta siempre hay un haz de luz si sabes mirar.
Pues eso mismo pasa con la vida real. Míralo en la naturaleza: después de un volcán que lo arrasa todo, o de un incendio que parece que no va a quedar ni rastro… años después, la vida vuelve. Y con más fuerza. En medio de escombros, entre cenizas, crecen flores. A veces las más bonitas.
No es magia. Es resistencia. Es que la vida tiene esa manía de buscarse un hueco aunque no parezca haberlo.
Así que yo ya no temo por lo que está por venir. La verdad, me importa cada vez menos tenerlo todo controlado. No voy a gastar energía en odios que no me pertenecen, ni en discusiones que no llevan a ningún sitio, ni en culpar a otros por no entenderme.
Simplemente, seré agua. Fluiré corriente abajo. Sin forzar. Sin quedarme atascado. Si hay una piedra, la rodeo. Si hay un precipicio, caigo y sigo. El agua no se pregunta hacia dónde ir, va.
Y si en algún momento vuelve la oscuridad… pues ya sé qué hacer: abrir bien los ojos, buscar ese haz de luz, y seguir fluyendo.

Termino con una canción que refleja un poco lo que pienso y siento en este momento....
Nevermind de Leonard Cohen
En muchas ocasiones podrás cambiar de opinión o decisión; otras veces ya no tendrá remedio, pero realmente será lo que elijas, lo que desees, lo que tengas...
by Imagif
También soy de Frozen 😊❤️

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